26.08.2014

Tertulia Política número 167 (4 de Marzo de 2009)

Agustín García Calvo

Ateneo de Madrid


 

  • El peso de la Fe.
  • La astracción como necesidad de la existencia.
  • La actitud solipsista.

 

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TRANSCRIPCIÓN:

 

 

La política que nos traemos aquí, como recordáis (la política de abajo, no de las personas, sino de pueblo-que-no-existe, y que se nos cuela por entre las personas a pesar de todo), la política, como recordáis, consiste en una lucha contra la Fe; consiste en una lucha contra la Fe, por este simple razonamiento que los que me acompañáis hace tiempo tenéis conmigo: que el Poder, el Dinero, la Realidad misma, la propia persona de uno, no se sostienen sino por la Fe.  ‘El Saber’ se le llama otras veces, pero aquí anulamos la distinción entre Creencia, o Fe, y Saber.  Cualquier saber es también una Fe, de manera que sin eso la Realidad (con la que al parecer no estamos del todo de acuerdo los que venimos aquí, porque si no, no vendríamos, siendo esto un atentado contra la Realidad), la Realidad sólo se sostiene con Fe, y además la Fe es lo único a lo que de verdad se le puede atacar, hablando, más bien dejándose uno hablar, de manera que a través de la boca de uno hable alguien que habla mejor siempre, que entiende mejor.  Es el arma que tenemos, y esa arma contra la Fe vale, porque es evidente que hablando, pensando, razonando, a lo suelto, libremente, se le puede hacer daño a la Fe, a la creencia; como ella misma lo demuestra a través de la Televisión y los demás Medios por ejemplo, teniendo que estar predicando todos los días la Fe, lo cual nos hace sospechar por acá abajo que muy poco seguros tienen que estar de la Realidad que predican, si tanto tienen que predicarla.  Eso es una alegría y un ánimo para esta lucha, esa costatación.  Pues ésa es la política del pueblo-que-no-existe que aquí nos traemos, en eso andamos metidos. 

Y recordado esto, tengo que confesaros lo desesperante que es sentir, por cualquier sitio por donde uno se asome, lo poderoso, lo aplastante de esa Fe en la creencia, que se manifiesta no sólo en los Órganos del Poder, sino en los prójimos, en las () particulares, con las cuales tenemos que costatar una y otra vez esta necesidad de seguir creyéndoselo, seguir tragándoselo, por mucho que les parezca absurdo, contradictorio, y feo; seguírselo tragando, a pesar de todo.  Costatar esta necesidad desde luego es un duelo costante, no sé por qué hoy me viene especialmente el estímulo de este duelo para recordároslo; nada puede bastar para desanimar de esta guerra contra la mentira, contra la Fe, contra la mentira; para eso no hace falta razones, pero desde luego está bien reconocer lo pesado de esa Fe contra la que luchamos.

Me dejo llevar a una película, me encuentro con que hay eshibición de los horrores de años pasados, y si son de hace sesenta años, con los nazis, mejor que mejor, pero en todo caso, hay ya a docenas, a cientos, peliculitas más o menos dándole vueltas a lo mismo. Pero lo triste, no es que el Dinero, los productores, produzcan esos engendros, sino que tienen un éxito notable; el público se los sigue tragando en bastas proporciones, así marchan, y eso es lo que es más especialmente desolador.  Enseguida os daré otras muestras de esto que se encuentra uno, y que le hace sentir tan pesado, tan potente, esto de la Fe, de la creencia, del saber, que sigue dominándoos.  No sea para desanimarnos.  Os recuerdo ahora que en esta guerra habíamos venido a parar.......Los motivos del ataque se suceden unos a otros interminablemente; once años y medio que llevamos encontrándonos, y ningún día nos faltan motivos nuevos para el ataque, y bueno, se enlazan más o menos entre sí unos con otros; no hay una aspiración a una congruencia, o a una suma total que vaya a salir de todo eso que estamos haciendo; se hace lo que se puede, y sin más cuentas, sin echar más cuentas de para qué pueda servir ni adonde vaya a dar.

Os había traído estos últimos días a cuestiones que estaban relacionadas con esto de la diferencia y la convivencia entre lo que sentimos......Porque seguimos sintiendo algo, a pesar de todo; es asombroso, pero ésa es la alegría que tenemos: seguimos sintiendo algo a pesar de todo, sintiendo algo de verdad; si no, no estaríamos aquí, porque el razonamiento no se pone en marcha contra Dios, sino después de haber sentido el poder de Dios, el poder mortífero de Dios, llamando Dios en este momento a cualquiera de las apariciones del Poder, me da esactamente igual.  Algo seguimos sintiendo, y diferenciarlo de lo que creemos que sentimos, o sabemos que sentimos (porque no distinguimos entre creer y saber), distinguir eso es elemental, y es a eso a lo que nos estábamos dedicando.  Entre lo que a pesar de todo sentimos, sin saber, sin creer, sin darnos cuenta, a pesar de todo, gracias a que nunca estamos hechos del todo, es decir, muertos; muertos. 

Gracias a eso se nos escurre siempre, se nos cuela algo de lo que nos puede hacer sentir de veras, y está costantemente confundiéndose con lo otro: lo que creemos que sentimos, lo que sabemos que sentimos, que podemos hasta saberlo científicamente; podemos saberlo por vía religiosa, como en el antiguo Régimen la Iglesia Católica convertía posibles sentimientos en sentimientos consagrados en ideas por la Iglesia, y llamando ‘Amor’, o llamando ‘Lujuria’, a lo que en los catecismos estaba mandado que se les llamara.  Idea del sentimiento.  O puede, por vía científica, saberse lo que sentimos: esperimentos de sicólogos que imitan a los físicos en todo esto, y que intentan darnos cuenta, esplicarnos, las sensaciones, hasta las más elementales, y hasta las más sublimes, y sobre eso voy a volver con un ejemplo enseguida, ¿no?

Era a propósito de eso como veníamos el último día a dar con una formulación que era, os la recuerdo, “nuestro istinto, es la racionalidad”, “la racionalidad, no es más que nuestro istinto”.  Esto era una andanada que siempre hay que dar contra cualquier forma de Humanismo, de Patriotismo humano, esta cosa que tanto nos engaña y nos hace decir mentiras todos los días; una separación de eso que se llama ‘El Hombre’, ‘Los Hombres’, como sujeto de observación, de pensamiento, acerca de las cosas, y luego, las cosas, que son el objeto de la observación, del esperimento, del pensamiento, de la teoría, de cualquier cosa, que es ya del observador.  Estamos aquí costantemente contra este Patriotismo humano, y sobre eso es sobre lo que quería que volviéramos una vez más.  La fórmula servía para eso.

Cuando aquí, en las dos últimas sesiones, descubríamos que aquello que nos parece más propio nuestro, más humano, que es la capacidad de astracción, de hacer como si no, una capacidad de hacer como si no que en nosotros, en la lengua, se manifiesta esplendorosamente, deseábamos, y encontrábamos, que esto no era más que una de las maneras en que esa capacidad de astraer tiene que manifestarse, no sólo en cualquier animal, sino en cualquier cosa de las llamadas ‘inanimadas’.  Es una necesidad de la existencia; para existir, hay que hacer ese juego: distinguir, en la inmensidad de las cosas que nos rodean, las pocas, y relativamente certeras, que importan para nuestra subsistencia, o la de un animalito cualquiera, o la de un astro, o la de una roca cualquiera, de un cristal de roca cualquiera, etc., ¿no?  Ante esto, la creencia habitual responderá diciendo: “es que en ellos eso se da por istinto, y en nosotros es por razón”.  Era contra esto contra lo que estábamos, y contra lo que estaba deseando volver hoy, con ese reconocimiento de que nuestro istinto es la racionalidad; es una forma de eso que ellos llaman ‘istinto’, y que aquí no llamamos de ninguna manera: de otras formas, en otro tipo de animales o de cosas, y en nosotros, o en nuestra forma, son lo mismo: una necesidad, que la existencia impone, de distinguir, en lo que rodea a uno (hombre, animal, flor, roca), los datos que le son necesarios para su subsistencia, y hacer como si no con todos los demás.  De manera que el hecho de que esto se manifieste esplendorosamente en el funcionamiento de la lengua humana, no quita para que tengamos que estenderlo a cualesquiera otros, reconocer esto mismo como algo común.

Consiguiendo, por un lado, reducirnos a nosotros a una estrema modestia, que para esta guerra nos hace falta, porque no hay cosa que más estorbe que la petulancia de creer que uno, o el Hombre, o lo que sea, es el que piensa, y el que organiza, y el que teoriza, y el que sabe de las cosas, y que luego aparte están ahí las cosas.  Por un lado pues nos reduce a esta modestia estrema, y por otro lado, como se debe, ensalza cualesquiera cosas hacia los dominios de la inteligencia misma, y las saca de la objetividad a que el dominio del Hombre y el dominio del Poder las tiene sometidas; a los animales mismos, más cercanos, y a todo lo demás también.  Lo tenemos todo sometido.

A propósito de eso teníamos que pararnos (y hoy no vamos a poder aún volver a pararnos, pero tendremos que hacerlo), en el caso de las cosas fabricadas por nosotros, fabricadas por los hombres; y de ahí venían los esperimentos acerca de este nuevo tipo de sistema que las compañías de teléfonos móviles han adoptado, el “Dicta”, para recoger mensajes orales, casi de una voz cualquiera, y convertirlos en mensajes escritos.  Este paso de lo uno a lo otro, que para nosotros, cuando nos dictan, parece que se hace fácilmente, en virtud de nuestra capacidad de astracción, que nos permite, entre los ruidos sin fin, reconocer los ventitrés fonemas que nos hace falta reconocer, y así en todo lo demás, pero que al parecer la máquina, en su progreso (progreso muy notable), ha llegado a imitar; a imitar, hasta el punto de que los recados del “Dicta” generalmente están bastante bien escritos, y además, no sólo con frases, fonemas y palabras separaditas, sino aceptando la ortografía del idioma que le toque a la máquina, sea el español en nuestro caso, o sea el inglés, lo cual es maravilloso.

Sobre esto volveremos otro día, pero que coste que esto no se dice para que volvamos a distinguirnos nosotros de las máquinas, y por tanto de las demás cosas.  No se dice para eso, sino para ver hasta qué punto las cosas que no son naturales, las máquinas, como ésta del sistema “Dicta,” pueden llegar a imitar, gracias a sus propios mecanismos y procederes, el comportamiento lingüístico de nosotros hombres, con un relativo éxito.  No me quería parar en esto, porque quiero pasar a otras cosas.  De todas, formas, algunos de los más entendidos en informática me habían sugerido la posibilidad de hacerme entender un poco mejor el sistema; el sistema del “Dicta”.  Esperaremos también a recoger esas noticias, que no hay por qué desdeñar.

Ahora con lo que quería seguir, es con el testimonio este del peso de la Fe que uno esperimenta, y que trata costantemente de desanimarlo, de echarlo para atrás.  Otro de los sitios en que me lo he encontrado, ha sido este: es un envío de un http, que no sé qué coños es, pero que seguramente muchos de vosotros lo saben, y que viene de (), que dice que es de (MIT), que tampoco sé lo que es, pero que seguro que muchos de vosotros lo sabéis.

-El Istituto de Tecnología de Massachussets.

A-Pues de alguna manera están, o metidos, o en relación, estos españoles que se han dedicado a esto que me interesa hoy.  Y bueno, esto tiene uno, ¿eh?: desde el momento que se deja uno por alguna manera meter en la red, sea para ver si eso sirve para que los libros que uno saca por los rincones se lean un poco más, o cosas por el estilo......En fin, de una manera o de otra se deja meter en la red, pues luego no sé si eso ha.........No tengo testimonio de que repercuta mucho en el aumento de la audiencia y la lectura, pero desde luego da lugar a que le manden cosas como estas, a que le metan cosas como estas en sus espacios, ¡qué se le va a hacer! 

Pues bueno, esta me llegó ayer, está hecha ayer, de manera que ¡qué vamos a hacer!.  Y esto, que es uno de los apuntes, se titula “La libertad, es una ilusión del cerebro”.  Bueno, pues ya os dais cuenta por dónde va la cosa, ¿no?  No puedo dároslo a leer, porque es larguísimo, y además insoportable, pero bueno, es uno que está en un café con una, y empieza por observar cómo, mientras están conversando, ella coge distraídamente la taza de café, le da un sorbo, y la vuelve a dejar. Él le pregunta si ha hecho eso intencionadamente, queriendo hacerlo, sabiendo lo que hacía.  Y ella: “no, lo he hecho distraídamente”.  “Pues ahora intenta hacerlo ‘adrede’, (como se dice en lengua vulgar), es decir, sabiendo que lo haces, queriendo hacerlo, y tal”.  Al cabo de un rato, ella lo hace así, y entonces, cuando le responde que está segura de que sí, que ahora lo ha hecho queriendo, voluntariamente, coscientemente, entonces el otro empieza a sacarle esperimentos de sicólogos, que miden incluso los tiempos de reacción de las células del cerebro ante cosas cualesquiera, y entonces viendo efectivamente cómo en esos esperimentos se demuestra que, no es que el cerebro........Esta es la palabra, ¿eh?  El éxito tremebundo fue desde luego primero en inglés, con ‘brain’, pero a partir de eso, entre estos señores españoles, pues lo mismo: ‘el cerebro’.  Y no se trata de que el cerebro envíe, de por sí, una orden para realizar los actos, sino que antes el cerebro ha recibido, no se sabe de qué, algún impulso que le ha movido a obedecer haciendo obedecer, es decir, recogiendo el impulso y ordenando las sucesiones del acto al resto del organismo.  De manera que, a partir de esto y de otras cuantas cositas por el estilo se organiza el artículo, y se organiza una discusión, a la que llegan muchas respuestas, que están también aquí en estos papeles que he recogido, en las cuales desde luego, pues hay al parecer un reconocimiento del valor de los esperimentos sicológicos en ese sentido, del uso de la palabra ‘cerebro’, que ninguno de los muchos que responden cuestiona, y el reconocimiento por tanto de que de alguna manera, pues nuestro libre albedrío queda desmontado y convertido en una cosa, un encadenamiento de impulsos, que no pueden () de otra cosa. 

Al mismo tiempo que, casi en la totalidad, todo esto se reconoce, y no se cuestiona, se mantiene que de alguna manera sigue siendo uno libre, y capaz de decidir lo que quiera decidir, sabiendo lo que hace, haciendo lo que quiere, etc; lo que se suele creer de ordinario, vamos.  Eso se mantiene a pesar de todo, y entonces, como está el cerebro, se plantea la cuestión de que el cerebro soy yo, si el cerebro es algo distinto de yo, que qué pasa entonces si el cerebro no es libre, pero yo puedo a lo mejor ser libre por detrás del cerebro, y no se sabe cómo, y mas otras cosas divertidas, al mismo tiempo que vergonzosas; algunos dicen: “bueno, sí, supongamos que efectivamente lo de la libertad es una ilusión que se genera después de que el cerebro ha obedecido a la orden: bueno, no importa, pero a esa ilusión yo me aferro, a la que necesito para seguir viviendo; esa ilusión de la libertad es la libertad misma, etc., etc”.  No os voy a soltar más mandangas de estas, porque me canso, y además, por si alguno tiene interés, le voy a dejar a Teresa las hojas donde está el http ése que dije, y podéis recoger las hojas igualmente.

Bueno, pues ahora con esto quería, como hago de vez en cuando, someteros, especialmente a los que me acompañáis de hace tiempo, a un pequeño esperimento, que, si es posible, me cure un poco de este agobio que os confesaba que me traía, de ver cuanto es el peso de la Fe, y qué difícil es desarraigar las creencias.  De manera que, ¿cómo nos libramos de caer en una conversación como ésta de la red, que he recogido accidentalmente?  ¿Cómo es que podemos saltarnos todo eso? ¿Cómo es que de alguna manera aquí podemos decir ‘no’, y no enredarnos en semejantes maneras de hablar y de pensar?  Eso es lo que...........¿Qué hemos conseguido en más de once años de debatirnos contra las ideas y la Fe, en punto a librarnos de caer en cosas como estas?  De las que utilizo ésa como un ejemplo, pero un ejemplo entre los millones de conversaciones, en la red, fuera de la red, en Istituciones, de Enseñanza u otras, que se cruzarán, esa manera de hablar.  ¿Quién puede ayudar un poco, antes de seguir adelante?    ¿Quién puede atacar, sin más?  Porque una cosa es que uno sienta que todo esto es una patochada, pero yo lo que os pido es que digáis cómo se desmonta rápidamente.

-Parece que se dice que la libertad es una ilusión, pero que el cerebro no lo es.

A-Sigue, sigue por ahí.

-Pues que el cerebro es tan ilusión como la libertad, ¿no?, y entonces no se arriesga nada diciendo que la libertad es una ilusión del cerebro.

A-Sí, y se mantiene la Fe en, por ejemplo.....

-En el cerebro, en este caso.

A-En el cerebro, lo mismo que podría ser que en lugar de ‘el cerebro’ fuera ‘el alma’, como se decía antaño, que era la que era libre, o ‘la voluntad’; o el ‘free will’, el propio libre albedrío.  ¿Qué pasa con esas cosas?

-Que estamos otra vez en lo mismo, ¿no?, o sea, se utiliza el cerebro para esplicar la libertad.

A-O para negarla.

-O para negarla, pero que no se esplica el cerebro.  Y entonces.....

A-Sí, seguid por ahí.  ¿Qué más se conserva aquí, de lo que hemos estao desmontando año tras año?  ¿Qué más, aparte de esa evidente Fe en que nos creemos lo que los nombres nombran (‘cerebro’, ‘alma’, libre albedrío’)?  Aparte de esa Fe fundamental, que aquí hemos tratado de perder: no nos lo creemos: las cosas, hemos descubierto que tienen esta gracia de que por un lado tienen que ser lo que son, y por otro lado no son lo que son.

-A mi me parece de más interés que en lugar de ‘el cerebro’, o ‘el alma’, que acotásemos qué quiere decir ahí ‘la libertad’.

A-Sí, porque ()‘libre albedrío’; sí, es otro nombre, sí.  También nos creemos, mayoritariamente la gente, en su aplastante Fe, que sabemos qué es.  Y además, la inmensa mayoría, por lo menos si no han pasado por aquí, o por algún sitio semejante, te darán una respuesta positiva, igual que respecto a ‘libre albedrío’, porque hay que ser positivo.  Para nosotros la libertad aquí no es más que la negación; la negación, la posibilidad de decir ‘no’ a la mentira.  Pero a cualquiera que le preguntes, tendrá su idea de libertad, y además, si se descuida, como en el esperimento de estos señores, libertad personal; libertad personal de uno, positivamente.  ¿Qué más?

-También se puede pensar quizás en las cosas que se hacen libremente o no por impulso o no del cerebro, ¿no?, el pensar que esas cosas las podemos saber, las podemos ver.  Porque decir “sí, ahora doy un sorbo de café”  () no es verdad, o sea, era eso, y sólo eso, y nada más que eso.  Por ejemplo.

A-Ese suceso, por ejemplo.  Cosas o sucesos, efectivamente, se mantiene la Fe en ellos.  ¡Pero más, más queda todavía!  ¿Qué más queda?

-Que para hablar de libertad, primero hay que saber qué es la libertad.

A-Es lo que estamos diciendo ahora.  Aquí desde luego no lo sabemos, pero por ahí lo saben; por ahí lo saben, y por eso hablan de ella.  Aquí no lo sabemos, pero es una situación escepcional, esto de no saber qué es la libertad.  Vete a preguntar por ahí, y vamos, lo saben.  Sí.

-Me parece fundamental también el sujeto, que el que habla es capaz de decir “mi cerebro”, pero el cerebro, que yo soy el cerebro, es decir, esa separación, que es gramatical  ().

A-Eso se le ocurre a uno; no al autor; a uno, y la respuesta: se le ocurre pensar, claro, que el cerebro soy yo, o son dos cosas distintas.  Es un apunte de desmontaje de eso, pero vamos, no va muy allá, no.  ¿Qué más cosas se conservan ahí?

-Creo que ya ha salido, pero se me ocurriría replicarle: “¿eso me lo dices tú, o me lo dice tu cerebro?”.  Es decir, una cosa es que me hables tú, y otra cosa es que me hable tu cerebro; es decir, parece que tú estás identificándote con tu cerebro.

A-No, el otro le respondería que no, que desde luego, como él cree que la libertad es una ilusión, y él cree que el cerebro es él, y que el cerebro recibe órdenes, para después mandar obedecer, pues que no....Diría que se lo dice su cerebro, que es lo que es él, y que no es libre.

-Y también hablamos de nuestro cuerpo, y de nuestras manos, y de nuestros ojos, nuestros oídos, nuestra lengua......

A-Sí, sí, lo mismo las otras cosas.  ¡Más!  Aparte de que creemos en el nombre de las cosas que nombramos, ¿qué más?

-¿Cómo vamos a probar nada acerca de que si uno tiene o no libertad, si ninguno es el que es?

A-Ya.  Sí: nosotros no creemos en la libertad, y estos señores creen.  Pero más.  No os he dicho lo bastante de las cosas que dicen, pero yo creo que ya veis más cosas que se mantienen ahí, y que aquí hemos intentado una y otra vez desmontar.

-Que está también presente todo el tema de la causalidad, ¿no?

A-Ésa es una.

-Que está antes del cerebro, después, con lo cual dando marcha atrás, o sea, se da por hecho que unas cosas llevan a las otras, y eso no se discute, ¿no?

A-Esacto: ni al autor ni a ninguno de los sesentaitantos comunicantes que le salen, se le ha ocurrido poner en cuestión la noción de ‘causa’; están averiguando la causa; la causa por ejemplo de una acción de tomar un sorbo de una taza de café: causas.  Y entonces, ¿qué coños más da que la causa sea el centro cerebral ése de donde nace todo, o que sea un órgano u otro cualquiera, o que sea tal?: lo que se mantiene es la causa, la necesidad de creer en el encadenamiento causal.  Aquí, desde diferentes puntos de vista, nos hemos estao cargando la causalidad una y otra vez.  Es algo que incluso, entre los físicos (hemos utilizado muchas de las entradas en la red), no está nada seguro eso de la Fe en la causa, y por tanto lo que suele llamarse ‘determinismo’, a lo cual se contrapondría el libre albedrío ése, ¿no?  Hemos aprovechado muchas de las dudas que han surgido. Es una mentira, la causa; la causa es algo que se consigue (hace cuatro o cinco tertulias justamente tratábamos de esto), se consigue efectivamente, de la inmensa multitud de factores que se entrecruzan, intervienen, en cualquier suceso que sea, seleccionar uno, una cadena de unos pocos, que están debidamente ordenados, ¿no?  Es un trampantojo bastante visible para cualquiera, pero que reina, por supuesto.  Y más: ninguno cuestiona, por supuesto (ni el autor ni los otros), la Fe en la Ciencia; lo de los esperimentos sicológicos y eso, por supuesto, se lo toman como si fuera un camino para llegar a la verdad, como está mandao; se lo toman como si fuera un camino para llegar a la verdad, al descubrimiento de qué es lo que pasa con el cerebro, con el libre albedrío, todo eso; la Ciencia, la Sicología, con estos esperimentos imitando los de los físicos.  Los físicos, como recordáis, han imitado un poco a los sicólogos cuando han tratado de descubrir la ‘free will’ en las partículas subatómicas, ¿no?

-De todas formas, vamos a ver: está claro que los científicos, en los que yo me incluyo, se dedican a mirar y a repetir un esperimento una vez y otra vez y otra vez, hasta que deciden que siempre que se produce una cosa, al final ocurre otra.  Porque además, es como actuamos los seres humanos.

A-Sí, sí, se hace a cada paso.

-.....causas y efectos, y entonces, gracias a eso avanza la Ciencia, y todos los que son científicos, lo que tienen muy claro es que siempre que están hablando, están hablando desde el punto de vista de lo que se llama (), o sea, de acuerdo al estado actual de la técnica, de acuerdo a lo que conocemos: en este momento creemos que somos así, y que siempre que ocurre esto, se produce aquello.  O sea, creo que todos los científicos son lo suficientemente humildes, para saber que dentro de su quehacer diario, pues conocen una serie de cosas, y otras muchas no

A-Sí, sí, muy bien esplicao.  Se nos tiene el encadenamiento causal, y eso es lo dominante, salvo alguna de las entradas que aquí hemos recogido, de físicos y de cuánticos, que han llegado a por lo menos vislumbrar el poco fundamento de esa creencia en las esplicaciones causales.  Pero salvo eso, efectivamente, tú has enunciao lo que domina en la Ciencia, lo que es la Ciencia normal, y entre los colaboradores de esta entrada, ni uno la pone en cuestión; es una Fe que también se mantiene..... 

-No es una Fe: es que lo que está claro es que Vd. se toma un medicamento cuando tiene neumonía.....

A-No, no, no vayas tú a predicar la Fe, ¿eh?, ahora.   Venga, déjalo.

-No es cuestión de Ciencia: es cuestión de que previamente se han hecho muchos ensayos hasta que se ha llegado a que si a Vd. le adjudicamos que tiene una neumonía, le damos esto y se lo cura.

A-Sí, así marchan las cosas, así se progresa......

-Y los ascensores suben y bajan, o porque les han hecho muchas pruebas......

A-Has puesto un ejemplo especialmente malo, porque el fracaso, en cuanto a la aplicación a la Medicina, es costante.  Podías buscar algunos otros un poco mejores; ése es especialmente malo.

-Otra cosa es que en este momento se estén mirando si los cromosomas determinan noseque y nosequé.  Por supuesto, pero volvemos a lo mismo: partimos de la humildad de lo que sabemos en este momento, que es eso, de la misma forma que hace cinco siglos, para curarle una herida, le cogían y le.......

A-Bueno, ya está.  No me digas que crees también en el Progreso, porque entonces ya, estamos al cabo de la calle.  Bueno, lo que quería mostrar era efectivamente.....  Sí.

-Yo quería decir que a mí me crecen las uñas, y yo no ordeno que me crezcan.  Y a lo mejor la Ciencia () es averiguar por qué, pero yo no decido.

A-“Las uñas me crecen a mí.  ¿Quién soy yo, al que le crecen las uñas?”.  Otros se molestan, y dicen: “a mi cuerpo le crecen las uñas”, o cualquiera otra salida por el estilo.   Generalmente se evita, cuando se piensa, el salto, tan tremendo, desde mí a las uñas, que es una cosa donde interviene la posesión, y todo lo demás.  Pero bueno, de una manera o de otra, es igual: esa Fe se mantiene, y no sé si habéis descubierto en esto que os ponía de esperimento algún otro mantenimiento notable de Fe de que creáis los que me acompañáis que os habéis ido liberando un poco.

-Que se puede esplicar la Realidad desde dentro de la Realidad.  Creo que es lo que reflejaría ese artículo.

A-Sí, sí.  Por supuesto, cuando hemos dicho lo de “Fe en lo que nombran nuestros nombres”, “Fe en las causas”, “Fe en la Ciencia en general”, estoy diciendo lo que has dicho: es lo que domina a cualquier Ciencia o a cualquier Filosofía: pretender que se puede, la Realidad, esplicar desde dentro de la Realidad.  Una cosa que se nos ha aparecido aquí como insensata a todas luces, pero que desde luego domina.  Todas las pretensiones de una Filosofía formal, positiva, o de una Ciencia, tratan de hacer una esplicación de la Realidad, a la que a lo mejor pueden llamar ‘Universo’, o lo que sea, dentro de la Realidad.  Algo sin sentido; algo sin sentido ninguno.  Bueno, me canso por hoy, pero si queréis () sacar más cosas.  Sí.

-Es que estaba dándole vueltas ahora, y no entiendo nada, porque parece que el cerebro vendría a ser un sustituto del alma, o algo parecido, ¿no?  Pero sin embargo, cuando hablan de una ilusión del cerebro, ¿cómo se entiende eso?; alguna reacción química, alguna cosita hará.  O si no hace nada......Por eso parece como que aún dejasen fuera algo que ni siquiera tiene una repercusión.....pues eso, una reacción química.  Cuando uno siente libertad, no pasa nada en el cerebro, eso es lo que me llama a mí la atención, ¿no?, de decir que es una ilusión el cerebro.

A-Algunos de ellos, ¿eh?, son los que dicen eso.  No es que le atribuyan al cerebro la autoría del acto, pero le atribuyen la autoría de la ilusión de que se ha hecho libremente; otra cosa que le atribuyen al cerebro, ¿no?, algunos de ellos.

Bueno, si os interesa seguir tomando este ejemplo, que por desgracia es simplemente uno que me ha caído en las manos, pero que habrá por ahí conversaciones en la red, y fuera de la red, a millones, ateniéndose a la mismas consecuencias, pues ya me diréis, si llegamos hasta otra tertulia, ¿no?  Ahora me interesaba más tirar por otro camino, y volveros a dar la palabra a otro propósito.  Que a lo mejor os parece de primeras que no tiene mucho que ver, y que salto, pero que yo creo que no salto tanto.  Esto es que volvamos a considerar, como hace algunos años hemos hecho, la actitud solipsista, la actitud del Solipsismo; es decir, esa actitud que consiste en declarar que no hay más que yo sólo, que todo lo demás......Bueno, recordáis ya, ¿no?  Esto ha aparecido a lo largo de la Historia, declarao de vez en cuando, aquí lo hemos usao.  Quiero haceros presente esto: el solipsismo es irrefutable; esto es lo que os animo a que reconozcáis enseguida: es irrefutable; no es capaz de admitir ninguna refutación; filosófica, científica, lógica, la nuestra.....nada.  Es completamente irrefutable: “si yo parto de que no hay más que yo, que yo soy el único que existe de verdad, que soy el único que existe de verdad”, no se le puede convencer de su error con nada, porque evidentemente no puedes apelar al mundo externo, que le rodea, a las cosas, porque naturalmente “todo esto me llega a través de mis sentidos, de manera que no hay ninguna garantía de que estén fuera, porque están primeramente en mis sentidos; son parte de mis sentidos”.  Lo mismo que si uno está soñando, pues los sueños son algo que el durmiente recibe, “que yo durmiendo recibo, a través de alguna forma de sentidos, da igual; de manera que no hay ninguna garantía: que me deslumbren con una luz, que me pinchen, que me hagan lo que quieran hacerme, que me partan, da lo mismo, porque todo eso es una cosa que padezco yo sólo; que padezco yo sólo, y por tanto no puede desanimarme de mi actitud.  Si empiezas a razonarme en contra del solipsismo, y tratas de hacerme ver, con las razones que me des, lo absurdo de la actitud, no harás nada, porque efectivamente todo eso me está entrando por los oídos, o por los ojos, como el resto de las sensaciones, de manera que forma parte de mí; igual que las sensaciones de cualquier cosa, forman parte de mí todos los razonamientos y teorías que me haga, de manera que no hace nada para dejarme de estar absolutamente sólo.  ¿Quién me puede convencer de que yo soy el sólo que existe de verdad, y que todo lo demás son sensaciones mías, razonamientos míos, especulaciones mías, que me hago en contra..........?”   Es importante, si no lo habíais pensao antes, que penséis un momento en lo irrefutable de esta actitud, que no admite refutación ninguna.  Si no lo veis claro en este momento, pues decid lo que sea antes de que sigamos, no sé.  Si se os ocurre algo que decirle a un solipsista........

-Que ya le llegará; ya le llegará la tortura, como sueles decir tú, ya le llegará la herida, ya le llegará algo que le haga darse cuenta de que no.

A-“Te oigo; yo, que soy el único que existo, te oigo lo que me dices, y no me hace gran cosa, vamos, sigo creyendo lo mismo”.  ¿Qué más?

-Que eso es el colmo de la Fe: está tan cerrao, tan cerrao, tan cerrao, que es irrefutable.  Y entonces, no tiene manera de entrar, ni de salir, ni de nada.

A-Puede ser; tal vez es el colmo de la Fe; tal vez se me ha ocurrido sacároslo como colmo precisamente; como colmo, para ilustrar la cuestión de la Fe.  ¿Se os ocurre algo, solipsista, único que existo, para sacarme de esta actitud?

-Pues es un ejemplo muy tonto, pero a mí hace un tiempo me pasó, en invierno, con frío, pues que tenía las manos frías y la barriga caliente, y entonces, pues me tocaba con una mano la barriga, y no sabía si era la mano la que sentía el calor, o la barriga la que sentía el frío.  Y era una manera muy palpable de desmontar esa cosa de quién soy yo, el que estoy sintiendo la mano.  No sé, hay algo ahí, ¿no?

A-Porque estabas algo rota, pero eso no te desanima.  ¿Por qué el solipsista no va a caer en situaciones en que no distinga si el calor es de su mano, o de su vientre?  Porque nada atenta a la actitud solipsista: “yo de todas formas soy el único que existo de verdad, y en la existencia, me pasan cosas como esas”.

-No, pero era sentir calor y frío a la vez.

A-Llamarlo a la vez ‘calor’ y ‘frio’, probablemente nos ().   Más bien se daría la pregunta: ¿es ‘calor’, o ‘frío’? Porque llamarlo a la vez, atentaría contra el significado, y eso normalmente no sucede, claro.

-Se me ocurre también que al Poder lo que le interesa es cientos de miles de solipsistas por el mundo.

A-No puede haber cientos de miles de solipsistas; el solipsista no es más que uno.

-Hombre, cada uno se siente solipsista.

A-No, no, no, no; nada de cada uno: es que cada uno no es que crea que forma parte de un cuerpo de solipsistas, en que cada uno es cada uno; no, no, lo que cree, es que no hay más que él, no existe más que él: “sólo existo de verdad yo; todo lo demás forma parte de mí; forma parte de mi memoria, de mis sentidos, de mis convicciones, de mis creencias......”

-¿Pero los que dicen eso, (el cuerpo) también lo consideran una perfección externa, o lo consideran parte de lo que sienten?  Porque luego habría que preguntar: ¿y el alma, también es suya?

A-Sí, sería una manera de ponerlo en el brete, claro.

-¿Entonces, ‘yo’, qué es lo que abarca?

A-¡Eso!  Por ahí es por donde hay que atacarlo.  Porque él te podría decir: “claro, mi cuerpo, como todas las demás cosas, es una cosa aparentemente esterna, pero que en realidad me pertenece, como me pertenecen los prójimos, las cosas que me rodean, pero que no son más que sensaciones e ideas mías, que soy el único que existe”.

-Un punto pensante, o percibiente, o algo así.

A-¡Eso! Por ahí es por donde se viene a lo del colmo, que es seguramente por lo que sacaba esto.  Ahora volvemos sobre esto.

-Entonces el solipsista este, ¿a quién le dice que él es solipsista?

A-Él lo sostiene, y desde luego, como los prójimos a los que se le dice no son más que parte de él, pues tiene que estar dedicándose a un diálogo interno; un diálogo interno, como se dedica a movimientos, a chascar los dedos.......

Bueno, efectivamente, una actitud así, que es en efecto una Fe irrefutable como tal Fe, es la que hace que la muerte de uno sea absolutamente intolerable: sólo esto, sólo de esta manera.  En efecto, estamos llegando a ver, como ya Virginia sugería, que decir “yo”, lo mismo que decir “uno”, ‘el único’, es lo mismo que decir ‘Dios’, que es un representante del solipsismo, aunque nunca se confesara así.  En todos los casos, esa actitud, esa Fe, consecuentemente mantenida, es lo que trae consigo que la muerte se aparezca como absolutamente intolerable.  El solipsista, si pensara en su muerte, hasta tal punto no podría pensar en ella, que ahí se acabaría todo.   Eso es lo que hace a la muerte absolutamente intolerable.  Es una cosa que llegamos a tocar hace unos meses, cuando nos dedicábamos a descubrir el intríngulis del nombre propio de cada uno.  Si os acordáis alguno, veníamos a parar por otro lado ahí: venía también a identificarse la pretensión del nombre propio con la pretensión del nombre ‘Dios’, y venía a presentar la misma situación.

Pues ésta es la Fe estrema; naturalmente, el resto de las Fes que rigen, se hacen mucho más compatibles con otras formas de creencia, pueden disputarse las unas con las otras, y es como se extienden, pero la Fe pura es eso, la que se nos da en ese ().  Las demás son ya Fes bastardas, compatibles con otras Fes, por tanto cosas de más o menos creencia, de una población de creyentes más o menos grande, cosas por el estilo.  

Esta guerra que nos traemos es justamente una guerra contra la muerte; una guerra contra la muerte, porque reconocemos en el Poder una sola función esencial, que es la Administración de Muerte; la Administración de Muerte, que quiere decir ‘Administración de Futuro’ (Futuro es muerte, da igual), y el otro día ya os recordaba lo que todos padecéis conmigo todos los días: el cambio, el cambiazo, de las posibilidades de vivir por Futuro; cambiarlas por Futuro, que es lo que el Capital necesita, el Estado necesita, el Poder necesita, uno mismo necesita.  Ésa es la Administración de Muerte, y por tanto esta tertulia es una guerra contra la muerte en ese sentido.  Por tanto, viendo aparecer, en el caso estremo, en el colmo, que os he puesto el solipsismo, la muerte como absolutamente intolerable, tal vez estamos en camino de entender un poco más la función de la Fe, los saberes, las ideas, en el resto de los casos. Pero bueno, quiero preguntaros (y con esto va a ser ya la última andanada de dejar correr la voz por vuestra parte), qué es lo que aquí se nos ha sugerido como manera de librarnos de este horror.  El horror os lo he puesto en el caso estremo de la actitud solipsista, para que se entienda mejor, pero el horror es cotidiano; es eso el cambio de la vida que se podía vivir, el pensamiento que se podía pensar, por Futuro; por Futuro, por Muerte; la aceptación de ese cambiazo.  ¿Qué es lo que aquí se nos ha sugerido como vía para librarnos de ese horror?  El horror de creer lo que mayoritariamente y de ordinario creemos: creer que uno es uno, sí, pero que otro también es uno, que uno es compatible con el conjunto de la población, y de sus relaciones, personales, con otro, que tiene también su persona, que lo democrático (y entiendo ahora como ‘democrático’ como con aquella enunciación después de la Revolución Francesa), cada uno es libre hasta el límite de que toque la libertad del otro, o una cosa por el estilo.  Eso, dicho de una manera que ya nos parece un poco caricaturesca, pero que es la Fe que nos rige, y con la que vamos tirando, y naturalmente estamos regidos por una muerte futura, por el Futuro en general......Pero esto no nos es tan intolerable como al solipsista, claro, porque tenemos otros recursos: nos dedicamos a trabajar, a divertirnos, a contar el Tiempo por sus horas y sus minutos, y mientras nos pasa eso, pues eso de la muerte futura, pues es como un componente secundario, tolerable, y que permite, sin demasiado espeluznamiento, rendirse a la Administración de Futuro, a la Administración de Muerte.  Así es como vamos tirando.  Bueno, más bien, por qué vía hemos tendido a tirar, no para descubrir ninguna manera de vivir de verdad, sino para librarnos un poco de esta Fe, de este horror, es lo que os estaba preguntando ahora.  ¿Qué es lo que () tiempo, podéis haber conmigo encontrado como vía para salirnos de eso?  

-Que las religiones siempre han estimulado la creencia en la Vida Eterna.

A-Sí, sí, la Vida Eterna es lo del solipsista, intolerable del todo.  La Eternidad es la muerte; la muerte intolerable.  Sí, sí, las religiones del viejo Régimen contaban desde luego mentiras tremebundas, pero en el nuestro, la Iglesia, la Ciencia, las sigue contando igual de tremebundas, o más.  Y aquí estamos a intentar librarnos de la Fe; librarnos un poco de la Fe.

-Darnos por muertos ya.

A-Eso es lo que nos está mandao; eso es lo que te han mandao, y mientras lo obedeces te estás dando por muerto.  Creer en el Futuro no es más que eso; eso es lo que está mandao; es lo que le gusta al Poder, claro: a gente viva no se la podría regir nunca, pero a gente muerta, pues muy bien, y eso es lo que hacen.  No estamos muertos del todo, porque los Medios tienen que convencernos de que estamos viviendo la vida que nos mandan vivir, pero desde luego el ideal, y la procura, está claro, ¿eh?: regir a muertos, que se dejan regir bien.  Sí.

-.......no son cosas que dependan del futuro de su persona ni nada, sino que están ahí, en las que se puede perder cualquiera

A-...le van pasando a uno...... Sí.

-Perdón: ¿Cuándo habla de ‘muerte’, qué es lo que quiere decir?

A-La futura, ya me has oído; la que nunca está aquí, que es la que nos rige.  Ya lo he dicho: es lo mismo que Futuro.

-Que no hay ‘todo’.  Y contra el Humanismo.

A-Contra el Humanismo hemos estado hablando, y es oportuno volver sobre ello: la única vía es la de esta estrema modestia que consiste en negarse a ser dueños, ni uno mismo, ni como conjunto, ni como Humanidad, ni de voluntad, ni de inteligencia, ni de nada, para que al mismo tiempo las cosas cualesquiera, en las que uno entonces acabaría sumiéndose como una cosa más, que es lo que pasa, a su vez se llenaran de inteligencia, y de voluntad, y todo eso, y entre las cosas que somos nosotros, eso del pueblo-que-no-existe, pero todo consiste en la negación carnal a la Fe que nos domina cotidianamente.   No la declaración de “¡no me lo creo!”, que está bien, cuando se nos presenta como afirmación, empezar por decir “¡no me lo creo!”.  No basta: hay que descubrir, en la manera en que se nos hace vivir a cada paso, el dominio de esta Fe, y entonces negarse a cualquier forma de Fe; ni en uno mismo, ni en los grupos, ni en el Hombre, ni en Dios......No podemos liberarnos del Poder si no es liberándonos de nosotros mismos; de uno mismo, y de nosotros hombres en conjunto; no hay otra manera: un reconocimiento, un perderse en las cosas.  No os voy a recordar ahora, porque ya es muy tarde, cómo los descubrimientos que nos han traído a esto eran simplemente el descubrimiento de que las cosas no son todas, de que la Realidad no es todo lo que hay, y de ahí es de donde pueden derivarse todas las demás posibilidades de matar Fe de cualquier manera que se nos presente.  Porque es central, para la Fe del Poder, el que todo se reduzca a Realidad, que la Realidad sea compatible con el ideal de ‘todo’, como con el de ‘uno’; esto es esencial, y naturalmente, el desmontar esa creencia es una vía de liberación........con el problema de siempre, claro: cuando uno se libera de sí mismo, no hay que preguntarle quién queda; si empieza a preguntarle quién queda, no hay liberación que valga.  Cuando nos liberamos de las Personas, queda eso que no existe, el pueblo, (no) hay que preguntar por él.  Bueno, en suma, eso era, y sobre eso habrá que volver.  Me importaba sobre todo, con motivo del ejemplo que os he traído, o de otro cualquiera, que se sintiera bien el dominio y el peso de las creencias, en cualquier actitud, en cualquier conversación que nos traigamos, y en cualquier cosa que hagamos, ¿no?  De manera que nada, os dejo, si a alguno se le ha venido ocurriendo algo más, antes de marcharnos, que lo suelte.  Sí.

-A mí no me ha contestado a la pregunta.

A-¿A cuál?  Te he dicho que era el Futuro.

-Pero si el Futuro es el Pasado.  La muerte será el Pasado, no el Futuro.

A-¿El Futuro es el Pasado? 

-El Futuro todavía no ha muerto.  Lo que ha muerto es el Pasado.

A-¿Lo que ha muerto es el Pasado?  En el Pasado están los muertos, pero eso nunca muere: están ahí: en el cementerio, en la Historia, en las Memorias; eso no se muere nunca.  El Pasado está hecho secundariamente a imitación del Futuro; es una de las cosas que hemos llegado a ver: lo primero, el Futuro, que como no tiene cosas, como no hay nada, es facilísimo de organizar: se pueden contar años, días, hacer presupuestos, ordenarlo todo, tal como se hace en los programas de cualquier cosa....; es facilísimo.  Está vacío, por tanto se llena con facilidad.  Y al pobre Pasado, en lugar de dejarlo que sea una memoria viva, se le convierte también en fechas, en sepulturas de un tipo o del otro, y se le trata de organizar de la misma manera que el Futuro. De manera que ésa es la cosa, y lo que rige es la muerte, la que nunca está aquí, pero está costantemente rigiendo; rigiendo nuestra vida cotidiana, rigiendo desde luego las memorias de los muertos, rigiendo todo.  Nunca está aquí, es puramente Futuro, pero está, como el resto de ideales, rigiendo cualesquiera cosas de las que se hacen, de las que se creen, de las que se piensan.....¿Qué más?

-Yo he tenido a veces una sensación muy fuerte, sobre todo cuando era más chica, que tiene algo que ver con el solipsismo, y creo que sobre todo me ha pasado en el transporte público: como que yo siempre voy pensando en mis cosas, y además lo que percibo, todo pasa a través de mí, o cosas por el estilo.   Más o menos lo que piensa un solipsista, pero al mismo tiempo pensando que a cualquiera de los que están conmigo, en el autobús por ejemplo, le está pasando lo mismo.  Nunca he pensado que sólo me  pasara a mí.

A-No sé si te acuerdas bien de esto último.  ¿Estás segura?

-Sí, sí, porque eso es lo que es para mí vertiginoso e incomprensible, y el solipsista se libra de eso, porque dice “sólo me pasa a mí”.  Y para mí lo que es impresionante, es estar con un montón de gente (sobre todo si son desconocidos es más impresionante), y ver como que todos están como en su mundo y en su vida, y yo en la mía.  Y eso por un lado me resulta muy impresionante, y por otro lado me hace sentir algo como de común con la gente.  No sé muy bien cómo entenderlo, eso.  

A-Pero entiendo que lo primero es una tentación solipsista, y que luego lo otro de reconocérsela a los demás es secundario, y ya te libra un poco del solipsismo verdadero.

-A mí me parece que más o menos el solipsismo es lo habitual, solo que incosciente.  O sea, uno va metido en su rollo, y como si sólo existiera él.

A-Sí, pero en tu esperiencia, yo creo que hay dos momentos: hay evidentemente una sensación que yo creo que cualquiera, si tiene una memoria viva, recuerda haberla tenido; una tentación de descubrir que no hay más que uno; pero enseguida te venían los otros compañeros de autobús, claro.

-Yo creo que el descubrimiento es ver que todos los demás están en eso mismo.

A-Claro, si ya piensas en los otros, ya entonces estás domesticándote, estás domesticando el solipsismo, cayendo en una Democracia; eso es inevitable.   No, no: lo que yo he sacao es para esto: la única actitud de Fe irrefutable, es la del solipsista; de manera que a cualquiera creyente a la manera democrática, que tiene una Fe de estas tolerables, tienes que decirle: “se consecuente: si verdaderamente crees que tú eres el que votas, y el que compras, y el que mandas, y que tú eres el dueño de tus acciones, y todo eso, se consecuente, y llévalo hasta el final: no hay en el mundo nada más que tú”: “sólo soy yo en el mundo”.   Porque para eso hemos sacado este colmo; y sino, pues tiene que librarse de la Democracia, es decir, de la Fe debidamente domesticada y compatible con cosas......La única vía es puramente negativa, es decir, desmontar las Fés que están sosteniendo esa Democracia, y ese dominio en general.

-Yo quería preguntar sobre lo que has dicho hace un  momento de que la Realidad no es todo lo que hay; eso que he visto hace mucho ya, y que comprendo cómo lo esplicas, pero yo te quería preguntar por qué partes de la base de que eso otro que hay tiene que ser verdad; no acabo de entender que esa perdición de las cosas de la que hablas, es en la verdad de lo que no se sabe.

A-No sé si en el libro se decía ya lo bastante claro: simplemente porque no se sabe.

-Pero no se sabe, ¿por quién?

A-Por nadie.

-Hace falta conocer lo que saben todas las cosas, por así decir, ¿no?, para eso.  Porque la Realidad es idiomática, y cada cosa tiene su lenguaje, y tú no está dentro para saber lo que saben ellas, ¿no?  Pueden estar todas equivocadas, pero ¿para quién es desconocido eso?: es desconocido para nosotros, o para ti nada más, ¿no?, porque no puedes saber nunca lo que sabe otra persona realmente.  Aunque todo esté equivocado, aunque todo sea falso, lo que sepa.

A-No, de otra persona, nada: si se dice “no se sabe”, se pretende una generalidad.  Dicho de otra manera, se puede decir: “eso de que la Realidad no es todo lo que hay, quiere decir que no lo sabemos todo”.  Y que no lo sabemos todo, claro, quiere decir que......

-Pero () todo el mundo, ¿no?  Pero yo quiero decir que por qué va a ser verdad; la perdición de las cosas, ¿por qué va a ser en la verdad?  ¿En qué verdad?

A-Porque el descubrimiento es que la Realidad es necesariamente mentira, costitutivamente mentira.  De manera que ‘verdad’ no quiere decir nada más que ‘no mentira’; tiene que haber posibilidad de descubrir la mentira de la Realidad, si la Realidad no es todo lo que hay; si la Realidad no es todo lo que hay, si no estamos condenados, como parece, a un fin absoluto en que todo se cierra, entonces, las posibilidades.......

-Pero si las cosas son desconocidas, ¿por qué sería un fin, el hecho de que no haya....?

A-No, las cosas no son desconocidas; las cosas son conocidas; mal conocidas.

-Sí, y incompletamente: tú nunca sabes el pensamiento de otro; a Jesús le dan un beso para matarle, y un beso no sirve para eso, en principio, ¿no?

A-Y no sólo eso.

-Es decir, todo está oculto realmente, y tú tienes que tener una confesión de verdad, además, de alguien; tiene que estar diciéndote la verdad, para que te diga lo que hay dentro, ¿no?

A-Claro, eso es la verdad de la Realidad, que es una falsedad.  No sólo no sabes lo que piensa otro: no sabes cómo es de verdad ese cristal de roca, cómo es esa orquídea.  No lo sabes de verdad, pero lo sabes: dominas, en la Realidad, la Fe, y la Fe es lo mismo que un saber; se sabe; mal, equivocadamente, falsamente, pero desde luego se sabe.  Y si eso no es todo lo que hay, ya está dicho ahí que siempre se puede descubrir la mentira de cualquier cosa que se presente.  Eso es todo lo que se puede llamar ‘verdad’; no tenemos derecho a llamar ‘verdad’ a ninguna otra cosa. Y sí a denunciar la pretensión de verdad que se aplica a las cosas en la Realidad, y que es costante, corresponde a ese mismo dominio de la Fe.

-Es que veo una contradicción entre eso, y afirmar que la Realidad es idiomática, porque tú puedes conocer el punto de vista de tu idioma, nada más, de ese lenguaje nuestro, pero todas las demás cosas pueden entrar en relación después en esa perdición que decimos; todo puede entrar en relación, y todo puede estar vivo, y con su misterio también, con su desconocimiento.

A-Hay algo contradictorio, sí.  La Realidad, habla uno de ella, como en el libro mismo se hacía, pero al mismo tiempo se reconoce que la Realidad no son más que realidades idiomáticas, un conjunto nunca cerrado de realidades idiomáticas, que no sólo quiere decir “las regidas por los significados del vocabulario de un idioma humano”, sino quiere decir también idiomáticas en el sentido de ‘propias a cada tipo de cosas’, ‘propias a cada carácter de persona’.....De forma que, sí, hay un defecto en la manera de decir eso: dado que la Realidad no es más que un conjunto nunca cerrado de realidades, ¿hay derecho a hablar, como se hace en la declaración, de ‘Realidad’?   Claro, ése es el problema del  conjunto, ¿no?  Evidentemente, las realidades son idiomáticas, en un conjunto nunca cerrado.  Se puede decir que la Realidad no es todo lo que hay, refiriéndose a cualesquiera de ellas; no podemos decir ‘todas’.  No podemos decir ‘todas’, porque pasa como con las cosas: las cosas no son todas, por tanto las realidades idiomáticas no son todas: no podemos a decir ‘todas’, pero podemos decir ‘cualesquiera’; y diciendo ‘cualesquiera’, ‘a cualesquiera les pasa eso’, se puede negar la condición de ‘todo’.  ¿Se te presenta un poco contradictorio?.  Yo creo que no lo es tanto, pero bueno; en todo caso podría ser un inconveniente; tenemos que enunciar todos estos descubrimientos en una lengua cualquiera.  Eduardo es el hombre que tradujo en sus tiempos el libro de “¿Qué es lo que pasa?” al inglés, para ver si así en ese momento se podía hacer que lo leyeran alguno de los físicos desmandados y eso; hasta el momento con muy poco éxito, pero bueno.

Sí, efectivamente, no niego que decir “la Realidad”, al mismo tiempo que descubrir que la Realidad no consiste más que en un conjunto nunca cerrado de realidades, puede sonar un poco......, pero para negar el ‘todo’, la aplicación del ‘todo’ a la Realidad, no veo otro remedio, de momento.   Se podría buscar, tal vez.  Tenemos que acudir a estos idiomas, y por tanto nos exponemos siempre a enunciar formulaciones que no están lo bastante claras, o que  no se libran lo bastante de la Fe; no se libran lo bastante, nunca nos libramos lo bastante, ¿no?, qué se le va a hacer.  Bueno, pues como se ha hecho muy tarde, si el Señor nos......Sí.

-El solipsismo puede ser de más o menos en los individuos, pero una tribu que cree en una Realidad, ¿es solipsista también?

A-Hombre, claro, como todos los que el Poder manda morir por el Estado.  El Estado es ‘todo’: cuando te mandan morir por la Patria, o por el Estado, pues es lo mismo; lo mismo que sucede con un individuo, por supuesto: un Estado bien costituído, es solipsista; por lo menos, mientras tiene que matar a jóvenes, ¿no?  Esa es la condición de ser todo lo que hay.

 

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